Para Amairani Tello

Por Luisa Lachira

Ya no nos leeremos los mismos poemas rusos al oído.
Ya no fumaremos detrás de la fuente para hablar de aquellos hombres que no supieron tocarnos.
Ya no seduciremos a nuestro viejo maestro de filosofía que blasfemaba de su realidad.
Ya no entraremos a los salones viejos, donde nos instruían religión.
Ya no nos burlaremos de la señora de canas verdes y tubos de plástico en los cabellos despeinados.
Ya no vamos a desear ser grandes historiadoras de huesos delgados y senos prominentes.
Ya no buscaremos los ángeles que se nos desprendieron del cuello.
Ya no buscaremos los viejos libros pornográficos de la biblioteca principal.
Ya no hablaremos de las chicas desaparecidas, ahogadas en las lágrimas de nadie.
Ya no seremos nada, nada de eso, porque aún somos esas niñas de cabellos pelirrojos y negros.
Ya no seremos nada, sólo lágrimas de deseo, de arrepiento por no haberle advertido a Eva que por su culpa seríamos mortales.