Febronio Zatarain[1]

Ya mataron a la perra

pero quedan los perritos

Canción popular citada por Juan Rulfo

El hecho de que los periodistas, los intelectuales y los escritores mexicanos seamos tan serviles ante el Poder, es en mucho responsabilidad de Octavio Paz. Veamos por qué.

Según las noticias de principios de octubre de 1968, Paz renunciaba a su puesto de embajador en la India como protesta ante la matanza perpetrada por el gobierno de México en Tlatelolco. Cuando al presidente de aquel entonces se le preguntó sobre dicha renuncia; Gustavo Díaz Ordaz respondió con su sonrisa de burro alegre: ¿Qué cree usted que va renunciar? Y sí; Paz nunca renunció: seguía recibiendo su salario de embajador y gozando de los privilegios internacionales de ser diplomático.

Veinte años después, en julio de 1988, en dos artículos publicados en La Jornada, defendió a capa y espada, no el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, sino el fraude que la maquinaria del PRI había llevado a cabo, y les decía a Cuauhtémoc Cárdenas y a Manuel Clouthier que dejaran de comportarse como niños berrinchudos, que aceptaran la imposición de Salinas, que de los males era el menor.

El asesinato de cardenistas por parte del Salinato empezó cuatro días antes de consumado el fraude, con las muertes de Francisco Javier Ovando (responsable del Cómputo Electoral Nacional) y de su secretario Román Gil Heráldez. Incluso Clouthier murió en un accidente de carretera muy sospechoso que nunca se investigó a fondo. Y ya se habían rebasado los cien cardenistas asesinados cuando Paz, a través de su revista Vuelta, convocó al encuentro El siglo XX: la experiencia de la libertad. Todo mundo se hubiese tragado la idea de que México era el paradigma para Latinoamérica de la libertad política, pero los atisbos críticos que aún deambulaban en el cerebro de Mario Vargas Llosa lo llevaron a definir al Estado mexicano como la “dictadura perfecta”; definición que le dio luz a Enrique Krauze para intentar hablar de su “dictablanda”. Pero Paz los paró en seco a los dos y su ceguera no le permitió ver que sus dos discípulos hacían referencia a su gran metáfora del Ogro Filantrópico, al que por cierto Salinas de Gortari tenía el propósito de volver un Ogro a secas.

De ese encuentro de la libertad, lo único que quedó en la memoria mexicana fue la anécdota que acabo de contar.

Octavio Paz y Carlos Salinas. Fuente: http://expectaculos.com

Octavio Paz y Carlos Salinas. Fuente: http://expectaculos.com

Otro acto vergonzoso de Paz también quedó registrado en el diario La Jornada, en los primeros días de 1994, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levantó en armas. Esta mente, considerada por muchos la más clara y la más libre de México, exigió que el Ejército Mexicano (el mismo que masacró a cientos de civiles en el 68) fuera a parar a esos revoltosos; claro, señalaba Paz en el artículo, respetando siempre los derechos humanos.

En su último lustro de vida, Paz se volvió el embajador plenipotenciario de Salinas de Gortari; en todas las plataformas internacionales en las que estuvo, hizo referencia a la modernidad económica instaurada en México por él, que tarde o temprano veríamos sus grandes frutos.

El gran fruto de la vida intelectual y política de Octavio Paz es el cinismo y la desfachatez del grueso de los escritores mexicanos con cierta fama. Por culpa de Paz, ser un arrastrado y un arrogante a la vez es “nice”, es “cool”; por culpa de Paz la gran mayoría de los que escribimos soñamos con ser incluidos en las páginas de las dos revistas mexicanas más frívolas y acríticas de México: Letras Libres y Nexos.

[1] Febronio Zatarain. Nació en Sinaloa, México en 1958. Luego de vivir 14 años en Guadalajara, emigró a Chicago, donde se ha dedicado a la promoción cultural y a la creación de revistas literarias. Actualmente coordina el taller literario de la revista Contratiempo. Sus más recientes libros son: En Guadalajara fue (novela), Veinte canciones en desamor y un poema sosegado, y Febrónimos fueron publicados bajo el sello de La Zonámbula. También en 2006 la editorial de UACM publicó …Y nos vinimos de mojados, colección de ensayos y crónicas que escribió en colaboración con Raúl Dorantes. Ha participado en diversas publicaciones de las que destacan la revista Crítica y el suplemento cultural La Jornada Semanal. En 2015 ganó el Premio Latinoamericano de Poesía Transgresora organizado por la editorial Verso Destierro.