Por Paola Calderón

Sofía creció en un pueblo muy lejos de la gran ciudad, no tenía ni la menor idea del mundo que existía fuera de los valles, ríos, lagos, y montañas que la rodeaban. Al igual que ella, una niña llamada Karla,de 8 años, y Enrique, dos años mayor, eran sus únicos amigos.

Un día, caminando por el bosque se encontraron con un pequeño objeto completamente diferente a todo aquello que habían visto en sus cortas vidas, el objeto flotaba en el lago, seguramente el río lo había llevado

—¡Mira eso, Sofía! —dijo Enrique, intentando halar el objeto con una vara larga que había encontrado.

—¡Hey tómalo allí, puedes alcanzarlo! —Gritó Karla, quien era un poco más miedosa, invitando a Sofía a que se acercara a la orilla y tomara el pequeño objeto que Enrique había logrado acercar.

—¡Miren esto, ¿Qué será?! —preguntaron los niños al mismo tiempo, muy sorprendidos.

Ninguno de los tres tenía idea de que era una pequeña botella de plástico.

—Preguntémosle a tu papá Sofía —sugirió Enrique.

—¡Sí, vamos!

—Es un traga aguas, y es muy, pero muy peligroso —dijo Don Flavio al ver la botella.

—¿Un traga aguas? —preguntó Sofía, muy sorprendida.

—Sí, los ríos y los lagos de las grandes ciudades prácticamente han desaparecido por culpa de esto —continúo don Flavio. Él sabía perfectamente, que era una botella de plástico, pero prefirió dar una clara y verdadera descripción de lo que ocasionaba aquel pequeño objeto en el medio ambiente—, las personas se dejan seducir por la sabrosa poción que tienen dentro, pero no se imaginan que lo único que busca este objeto es tomarse toda el agua de los ríos, lagos y mares.

Los niños observaron fijamente a Don Flavio todo el tiempo. Prestaron atención a cada palabra que él decía, y se sorprendieron aún más al ver la pequeña botella, les parecía increíble que un objeto tan pequeño pudiera ocasionar tantos problemas.

—Así que la próxima vez que vean algo como esto, o que no sea de acá, recójanlo y tráiganlo. Me asegurare de darle un mejor uso, e impedir se tomen toda el agua —terminó don Flavio.

Conforme pasaron los días, los tres niños se tomaron a la tarea de buscar más “traga aguas” que estuvieran en el bosque, y para su sorpresa, había aún muchos más de lo que imaginaron. Don Flavio -quien había estado ayudando en la recolección de las botellas-, se había tomado la molestia de comenzar a utilizar de una forma agradable cada una de las botellas que encontraron. Y cuando estuvo listo les mostró a los niños su asombro invento: “Una silla de traga aguas”

Los niños quedaron impresionaron con la creación y aún más, felices y emocionados, no dejaron ni por un momento de buscar todos los días “Traga aguas” y cosas novedosas, con las que pudieran hacer más cosas sorprendentes.

Unas semanas después el papá de Sofía tuvo que ir a la ciudad y decidió llevar a su hija con él. Sofía estaba muy emocionada, de sus amigos sería la primera que tendría la oportunidad de ir a la ciudad y al fin conocer todo aquello asombroso de lo que escuchaba en el pueblo, lo que comentaban quienes ya habían ido. Conforme fueron saliendo del pueblo, se sorprendió mucho al ver como el paisaje cambiaba, había menos árboles, y en vez de estos, se encontraban unos enormes edificios por todos lados, la gente no se veía tan feliz como en el pueblo, pero aun así el viaje le emocionaba.

—¡Mira papá un río! —gritó, desde el asiento de atrás del auto, intentando ver por su ventana.

—Los ríos de acá no son como los del pueblo —agregó su padre.

Y tal como lo había dicho don Flavio, los ríos no tenían ni un poco de parecido a los del pueblo, los ríos de la ciudad estaban prácticamente secos y desde lejos se veían llenos de “traga aguas” y muchos objetos más que aún no conocía. Ese día fueron al banco, según dijo su papá tenía que hacer un pago importante, la niña se cansó de pie un buen tiempo, y al fin al ver que su padre no se apuraba, se sentó en el suelo a jugar con un pequeño juguete que había llevado. Desde ese lugar observaba a la gente quejarse por estar parados haciendo una enorme fila, esperando su turno para ser atendidos.

De regreso a su casa, nuevamente pasó por el gran puente que dejaba ver el río seco.

—¡Qué tonta es la gente de la ciudad! en vez de hacer sillas y sentarse para no estar parados esperando en el banco, dejan que ese montón de “traga aguas” se tome todo y los deje sin agua —pensó.

Children sitting on a makeshift raft play in a river full of rubbish in a slum area of Jakarta September 19, 2012. REUTERS/Enny Nuraheni, INDONESIA – Fuente: http://nashaplaneta.su