Por Indira Ríos

(Honduras)

 

Sí, les hemos visto,

son disparadas por montones.

Letras inertes,

letras que aplauden bufonas,

irreales paisajes sobre huesos descarnados.

Letras con paso libre para poblar

todas las imprentas que tienen un sangriento

beneplácito.

Letras que alardean mentirosas una paz que es

espejismo sobre bocas asesinadas.

Letras tóxicas, criminales.

Letras donde los expoliadores del pueblo,

se erigen como héroes en espurias estatuas.

 

Sí, nuestras letras ya les han enfrentado,

ya les han arrancado asquerosas garras,

y seguimos firmes en la trinchera

escribiendo entre afilados alambres que

hacen sangrar nuestros dedos.

Letras donde la rabia empapada de indignación

en rebelde caligrafía estampa la historia

que abre el árbol genealógico de mujeres y hombres

declarados subversivos,            

mujeres y hombres que son bandera

de nuestra encarnada vanguardia.

Letras donde el amor que hermana los continentes

liquida la antonimia burguesa que suplanta su

nombre.

 

Víctor Jara (1932-1973).

Letras cuyo arsenal se nutre

de la etimología donde nacen las revoluciones.

Donde la lucha se libra sin parar.

Donde el frente de batalla

ataca y contraataca con valientes antagonistas

desde los puntos ubicados en todo el cuerpo celeste,

empuñando la espada con el filo de las ideas

que brillan en el magnánimo Cuzco con Tupac Amaru,

en la Selva Lacandona con Emiliano Zapata,

en el Cerro de Yucapuca con Sandino,

en la Sierra Maestra con Vilma y Fidel,

en el golpeado Congo con Patricio Lumumba,

en República Dominicana con las hermanas Mirabal,

en Chile con los acordes de Víctor Jara,

en el cerebro de Gramsci

que intentó silenciar Mussolini.

En ellas y ellos…

Nuestras lumbreras presentes en el campo de batalla,

nuestras adargas ideológicas en cada combate.

 

Sí, son tanto…

Letras guerreras, desafiantes.

Letras que son memoria.

Letras clandestinas.

Letras inocentes que han sido prófugas.

Letras que desenmascaran.

Letras que ríen.

Letras que sangran.

Letras que lloran.

Letras que viven.

Letras que buscan escribir el canto

de la victoria definitiva de la unidad proletaria.